jueves, 2 de julio de 2009

El arte en los adultos mayores

El arte es una actividad humana específica: la habilidad con la cual se hace algo recurriendo a ciertas facultades sensoriales, estéticas e intelectuales.
Aquellos que estamos gozando de la vida como adultos mayores nos debemos de sentir orgullosos de haber tenido la habilidad necesaria para conservar nuestras vidas desde el momento en que dejando de ser niños nos consideraron responsables de nuestra autodeterminación.
"Saber vivir es un arte y aprenderlo una virtud" dice uno de mis poemas surgido bajo inspiración poética por lo cual lo tomo como verdad captada de un mas allá que nos supera. Los poetas somos a la sociedad lo que los profetas a su credo. Quienes tenemos el don de la poesía recibimos música en pa­labras que provienen de un misterio que hace uso de dos de sus componentes: inspiración e idioma. Un enamorado de la expresión poética que carece del don puede reemplazar la inspiración por el deseo de expresar sus propios sentimientos, ideas o pareceres y producir belleza en su propio idioma que no trae­rán mensajes del más allá pero sí expresiones vitales del ser humano y sabemos que la misma vida es también un misterio. A veces se nos hace difícil distinguir a un poeta agraciado de uno esforzado y éste último es indispensable para traducir poesías de los agraciados ya que la poesía es música en el idioma original en que fue escrita pero traducida sobre todo literalmente sólo resulta una prosa quebrada que poco o nada tiene que ver con la verdadera música en palabras, a menos que un poeta esforzado logre componerla traduciéndola.
Hace pocos días, mi tía Matilde, cumplió cien años. Hace tiempo que vive en una residencia para gente mayor por la simple razón que allí está muy bien cuidada y acompañada y con sus pares comparte juegos de salón, charlas, etc. Llevamos una torta de cumpleaños hecha por mi propia prima y nos quedamos un rato a compartir la tarde para asegurarnos que mi tía consentía en almorzar el domingo siguiente con todos los familiares que deseaban homenajearla, la mayor parte de los cuales vienen desde lejos. Ella encantada dijo sí, quiero verlos y le prometimos la reunión. Le dije: tía vas a tener que decirnos qué hiciste para llegar a esta edad tan bien y tan lúcida.
Me miró y me dijo: ¡Nada! Soy una mujer modelo viejo pero cero kilómetro, bien conservada, tengo paz espiritual, nunca le he hecho mal a nadie, ni miento, llevo una buena vida higiénica y me alimento bien. Le regalé un libro: leyó la dedicatoria sin anteojos; le pedí que me la leyera en voz alta para saber si me entendía la letra y la leyó perfectamente. Tía, hace años usabas anteojos y ahora no. Hace unos años me operaron de cataratas y desde entonces no los preciso. Al domingo siguiente pude comprobar que cono­ció a toda la parentela incluyendo sobrinos tataranietos a los que nunca vio pero sabía de su existencia y posiblemente había visto en fotografías. Nos quedamos sorprendidos ¿Así que te operaron de cataratas? Sí. Y sabes? Es una tontería, con una extracción de muelas se sufre mucho más. Sacando cataratas no hay derrame de sangre, no queda herida visi­ble, no hay dolor y encima te devuelven la vista.
-Te sientes bien tía?
-¿No dijiste que los años te dan kilates? Pues a mí también! Así como a todos aquellos que al respetar la vida po­nen todo lo que está a su alcance para embellecerla.
Me pareció un buen ejemplo para comentar y un homenaje personal a alguien que me ilusiona con prolongar la longevidad. Persona que actuó en el teatro de la vida, no necesariamente en un escenario elegi­do o agradable, por el contrario muchas veces en lugares hostiles, en medio de epidemias y muertes, pero salieron incólumes, como protegidos por el destino, quizás enarbolando ese poder inmensurable que llamamos suerte o quizás cumpliendo misiones para las que fuimos creados aunque no tengamos conciencia de ello.
Como quiera que sea, si la vida es para aprender, deben ser los mas longevos los que reúnen las vivencias, experiencias y observacio­nes que prodigan conocimientos, por lo tanto, los mas sabios, aunque algunos hayan sabido aprovechar mas el tiempo que otros y la naturale­za les haya prodigado mas inteligencia para sacar moralejas, mas memo­ria para grabarlas y mas facilidad expresiva para trasmitirla. En la lucha por la conservación de la vida hemos usado nuestra capacidad para hacerlo y lo hemos logrado, quiere decir, que cada uno de nosotros es un artista de su propia vida. Único, como todo ser humano y a la vez cul­tivador de su estilo personal traducido en sus múltiples manifestacio­nes en el medio ambiente, en la sociedad a la cual pertenece y en sí mis­mo: en su forma de presentarse, vestirse, peinarse, expresarse, etc. Esto úl­timo incluye su habilidad natural o adquirida para usar música, letras, pinturas, diseños o crear en cada una de las manifestaciones artísticas.
Transmitamos a quienes nos siguen en la lucha por la existencia todo aquello que nos facilitó el camino y mejoró nuestra calidad de vida. El enseñar lo aprendido no es ni mas ni menos que un deber moral para retribuir lo que hemos recibido.
¡Adelante veteranos! Graduados de maestros de la vida en la universidad natural del mundo en el que nos tocó desempeñarnos, artistas virtuosos del arte de vivir!

PD: El 29 de julio de este año 2009, mi tía Matilde cumpliría 106 años. Pero nos dejó a fines del 2008. Esto es un homenaje a su memoria.

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