El arte es una actividad humana específica: la habilidad con la cual se hace algo recurriendo a ciertas facultades sensoriales, estéticas e intelectuales.
Aquellos que estamos gozando de la vida como adultos mayores nos debemos de sentir orgullosos de haber tenido la habilidad necesaria para conservar nuestras vidas desde el momento en que dejando de ser niños nos consideraron responsables de nuestra autodeterminación.
"Saber vivir es un arte y aprenderlo una virtud" dice uno de mis poemas surgido bajo inspiración poética por lo cual lo tomo como verdad captada de un mas allá que nos supera. Los poetas somos a la sociedad lo que los profetas a su credo. Quienes tenemos el don de la poesía recibimos música en palabras que provienen de un misterio que hace uso de dos de sus componentes: inspiración e idioma. Un enamorado de la expresión poética que carece del don puede reemplazar la inspiración por el deseo de expresar sus propios sentimientos, ideas o pareceres y producir belleza en su propio idioma que no traerán mensajes del más allá pero sí expresiones vitales del ser humano y sabemos que la misma vida es también un misterio. A veces se nos hace difícil distinguir a un poeta agraciado de uno esforzado y éste último es indispensable para traducir poesías de los agraciados ya que la poesía es música en el idioma original en que fue escrita pero traducida sobre todo literalmente sólo resulta una prosa quebrada que poco o nada tiene que ver con la verdadera música en palabras, a menos que un poeta esforzado logre componerla traduciéndola.
Hace pocos días, mi tía Matilde, cumplió cien años. Hace tiempo que vive en una residencia para gente mayor por la simple razón que allí está muy bien cuidada y acompañada y con sus pares comparte juegos de salón, charlas, etc. Llevamos una torta de cumpleaños hecha por mi propia prima y nos quedamos un rato a compartir la tarde para asegurarnos que mi tía consentía en almorzar el domingo siguiente con todos los familiares que deseaban homenajearla, la mayor parte de los cuales vienen desde lejos. Ella encantada dijo sí, quiero verlos y le prometimos la reunión. Le dije: tía vas a tener que decirnos qué hiciste para llegar a esta edad tan bien y tan lúcida.
Me miró y me dijo: ¡Nada! Soy una mujer modelo viejo pero cero kilómetro, bien conservada, tengo paz espiritual, nunca le he hecho mal a nadie, ni miento, llevo una buena vida higiénica y me alimento bien. Le regalé un libro: leyó la dedicatoria sin anteojos; le pedí que me la leyera en voz alta para saber si me entendía la letra y la leyó perfectamente. Tía, hace años usabas anteojos y ahora no. Hace unos años me operaron de cataratas y desde entonces no los preciso. Al domingo siguiente pude comprobar que conoció a toda la parentela incluyendo sobrinos tataranietos a los que nunca vio pero sabía de su existencia y posiblemente había visto en fotografías. Nos quedamos sorprendidos ¿Así que te operaron de cataratas? Sí. Y sabes? Es una tontería, con una extracción de muelas se sufre mucho más. Sacando cataratas no hay derrame de sangre, no queda herida visible, no hay dolor y encima te devuelven la vista.
-Te sientes bien tía?
-¿No dijiste que los años te dan kilates? Pues a mí también! Así como a todos aquellos que al respetar la vida ponen todo lo que está a su alcance para embellecerla.
Me pareció un buen ejemplo para comentar y un homenaje personal a alguien que me ilusiona con prolongar la longevidad. Persona que actuó en el teatro de la vida, no necesariamente en un escenario elegido o agradable, por el contrario muchas veces en lugares hostiles, en medio de epidemias y muertes, pero salieron incólumes, como protegidos por el destino, quizás enarbolando ese poder inmensurable que llamamos suerte o quizás cumpliendo misiones para las que fuimos creados aunque no tengamos conciencia de ello.
Como quiera que sea, si la vida es para aprender, deben ser los mas longevos los que reúnen las vivencias, experiencias y observaciones que prodigan conocimientos, por lo tanto, los mas sabios, aunque algunos hayan sabido aprovechar mas el tiempo que otros y la naturaleza les haya prodigado mas inteligencia para sacar moralejas, mas memoria para grabarlas y mas facilidad expresiva para trasmitirla. En la lucha por la conservación de la vida hemos usado nuestra capacidad para hacerlo y lo hemos logrado, quiere decir, que cada uno de nosotros es un artista de su propia vida. Único, como todo ser humano y a la vez cultivador de su estilo personal traducido en sus múltiples manifestaciones en el medio ambiente, en la sociedad a la cual pertenece y en sí mismo: en su forma de presentarse, vestirse, peinarse, expresarse, etc. Esto último incluye su habilidad natural o adquirida para usar música, letras, pinturas, diseños o crear en cada una de las manifestaciones artísticas.
Transmitamos a quienes nos siguen en la lucha por la existencia todo aquello que nos facilitó el camino y mejoró nuestra calidad de vida. El enseñar lo aprendido no es ni mas ni menos que un deber moral para retribuir lo que hemos recibido.
¡Adelante veteranos! Graduados de maestros de la vida en la universidad natural del mundo en el que nos tocó desempeñarnos, artistas virtuosos del arte de vivir!
PD: El 29 de julio de este año 2009, mi tía Matilde cumpliría 106 años. Pero nos dejó a fines del 2008. Esto es un homenaje a su memoria.
Dedico este blog para dejar constancia de mi experiencia mientras estuve aquí y ahora. Con amor. NEM
jueves, 2 de julio de 2009
martes, 23 de junio de 2009
Le llamaban Botafiera
Hay relatos que se transmiten de generación en generación y forman parte del acervo cultural de nuestros pueblos. Ellos nos dan a conocer la personalidad de gente que como nosotros habitó esas regiones y las vivencias y experiencias pasadas en esos parajes en épocas de movilización por tracción a sangre, de gente con gran sentido del honor y la justicia, donde la palabra era documento. La vida era muy dura especialmente para la gente de campo que caminaba por pajonales espinosos, llenos de cardo y espinillos, por lo cual era común que la gente adinerada anduviera con botas en vez de alpargatas.
El personaje que nos ocupa era un hombre pintoresco, estanciero, recio y decidido a dar la vida por sus ideales. Calzaba botas de cuero de potro con espuelas de plata que se las hacía uno de los famosos plateros de Gualeguaychú que había sido tío de un primo de mí madre que también vivía allí, en esa ciudad, aunque este último era profesor y regente de una escuela secundaria.
Mi personaje, el de las botas de potro, tenía su estancia en Pehuajó Sud, también en Entre Ríos. Cada vez que voy desde mi pueblo natal hasta la ciudad de Gualeguaychú pasando por la capillita que está a orillas del arroyo Pehuajó, me acuerdo de este hombre al que jamás vi ni conocí sino a través de las narraciones de mis mayores. Sus botas de potro, resistentes y con espuelas eran tan útiles como antiestéticas por lo cual apodaron a quien las usaba con el mote de "Botafiera", porque en mi zona, los gauchos a lo feo le decían fiero, con su femenino, fiera, y las botas eran buenas pero feas.
Botafiera era un hombre generoso, estanciero recio, de buena familia y deseoso de conocer todo lo nuevo que podía hacer progresar la región o la cultura de él o sus conciudadanos. Por eso un día decidió ir al teatro de Gualeguaychú a ver la representación de "Fausto" realizada por una compañía argentina, que hacía giras por el interior del país. Gualeguaychú entonces ya tenía el edificio que funciona como cine y/o teatro que hasta nuestros días es orgullo de la ciudad por su belleza y acústica. Botafiera había reservado su palco para ver la obra, lo mas cerca posible del escenario y no faltó al estreno de la misma.
Durante la presentación de Fausto, Botafiera seguía atentamente la representación, se posesionó de tal forma de lo que estaba viendo que para él era una realidad y no ficción. Cuando el diablo apareció en escena, envuelto en su capa y blandiendo un tremendo sable para increpar al doctor, un tremendo bulto, como si fuera un aerolito caído del cielo apareció en el escenario. El bulto resultó ser un hombre, que al aterrizar en la tarima con sus botas de potro, hizo temblar al escenario y también a los expectadores por el susto. El inesperado actor, sacando su facón, enfrentó al diablo y le dijo:
-"Yo no voy a permitir que Ud. trate así al doctor ni a ninguna persona de por aquí! Sabe?
El pobre actor que hacía de diablo, huyó despavorido por la misma puerta usada para entrar, por temor a que lo maten.
Los expectadores que enseguida se dieron cuenta que el héroe defensor era Botafiera que de un salto desde el palco irrumpió en el escenario, aplaudieron y rieron a mas no poder. El telón cayó, se dio por terminada la función y este debut fue la mejor propaganda que tuvo la compañía teatral para llenar la sala en funciones posteriores.
El personaje que nos ocupa era un hombre pintoresco, estanciero, recio y decidido a dar la vida por sus ideales. Calzaba botas de cuero de potro con espuelas de plata que se las hacía uno de los famosos plateros de Gualeguaychú que había sido tío de un primo de mí madre que también vivía allí, en esa ciudad, aunque este último era profesor y regente de una escuela secundaria.
Mi personaje, el de las botas de potro, tenía su estancia en Pehuajó Sud, también en Entre Ríos. Cada vez que voy desde mi pueblo natal hasta la ciudad de Gualeguaychú pasando por la capillita que está a orillas del arroyo Pehuajó, me acuerdo de este hombre al que jamás vi ni conocí sino a través de las narraciones de mis mayores. Sus botas de potro, resistentes y con espuelas eran tan útiles como antiestéticas por lo cual apodaron a quien las usaba con el mote de "Botafiera", porque en mi zona, los gauchos a lo feo le decían fiero, con su femenino, fiera, y las botas eran buenas pero feas.
Botafiera era un hombre generoso, estanciero recio, de buena familia y deseoso de conocer todo lo nuevo que podía hacer progresar la región o la cultura de él o sus conciudadanos. Por eso un día decidió ir al teatro de Gualeguaychú a ver la representación de "Fausto" realizada por una compañía argentina, que hacía giras por el interior del país. Gualeguaychú entonces ya tenía el edificio que funciona como cine y/o teatro que hasta nuestros días es orgullo de la ciudad por su belleza y acústica. Botafiera había reservado su palco para ver la obra, lo mas cerca posible del escenario y no faltó al estreno de la misma.
Durante la presentación de Fausto, Botafiera seguía atentamente la representación, se posesionó de tal forma de lo que estaba viendo que para él era una realidad y no ficción. Cuando el diablo apareció en escena, envuelto en su capa y blandiendo un tremendo sable para increpar al doctor, un tremendo bulto, como si fuera un aerolito caído del cielo apareció en el escenario. El bulto resultó ser un hombre, que al aterrizar en la tarima con sus botas de potro, hizo temblar al escenario y también a los expectadores por el susto. El inesperado actor, sacando su facón, enfrentó al diablo y le dijo:
-"Yo no voy a permitir que Ud. trate así al doctor ni a ninguna persona de por aquí! Sabe?
El pobre actor que hacía de diablo, huyó despavorido por la misma puerta usada para entrar, por temor a que lo maten.
Los expectadores que enseguida se dieron cuenta que el héroe defensor era Botafiera que de un salto desde el palco irrumpió en el escenario, aplaudieron y rieron a mas no poder. El telón cayó, se dio por terminada la función y este debut fue la mejor propaganda que tuvo la compañía teatral para llenar la sala en funciones posteriores.
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Le llamaban Botafiera
viernes, 12 de junio de 2009
Por falta de kindergarten?
Me encontraba escribiendo "Mis cuentos... que son anécdotas" cuando tocaron el timbre. Era uno de mis hermanos que llegaba por asunto de negocios a Bs. Aires y de paso iba a pasar el fin de semana conmigo. Cuando le comenté lo que estaba haciendo exclamó:
- ¡Te acordas cuando boleaste a un perro! A eso ¿También lo vas a contar?
-Y por qué no, le dije, si son recuerdos de mi infancia.
Y pensé que sería bueno escribirlo y hoy empecé así: Yo tendría cuatro o cinco años pues todavía no iba a la escuela primaria que en aquel entonces comenzábamos a los seis años. El jardín de infantes no se conocía en mi pueblo ni en muchas otras ciudades en aquella época. Los niños jugábamos con nuestros hermanos y vecinos del barrio a las escondidas, piedra libre, pallana con sus hoyos, puentes, cambiaditas, a la rayuela, a las bolillas o cuando nos mandaban adentro al ludo, ta-te-tí, dados o damas. Cuando llovía jugábamos con mis tías a las cartas: al burro, al culo sucio, al desconfío o al pinche. Cuando mi padre nos reunía para entretenernos era para enseñarnos a sumar y calcular. Con él jugábamos a la escoba, al truco y al tute con codo con los naipes españoles y al pocker con los ingleses. Yo no sabía ni lo que era un número quince pero sabía que con un caballo y un seis o un rey y un cinco podía levantar una baza. A través de las figuras nos daban los valores asignados y nos decían: aquí la sota es ocho, el caballo 9 y el rey 10, independientemente de lo que tengan escrito. Cuando eramos muchos jugábamos a la lotería.
Pero claro, no siempre llovía y cuando no habían nacido mis dos hermanos menores, los cuatro mayores eramos tres varones y yo. A ellos les gustaba jugar a la guerra con soldaditos, a los indios, a los aros que hacían rodar con un alambre doblado en la punta, o con zancos, según las épocas.
En el tiempo que les relato tenían el berretín de jugar a los indios. Hacían sus hondas o gomeras, sus arcos, sus flechas y sus boleadoras. Y en realidad aunque quería jugar con ellos solo me lo permitían cuando estaban solos. Si llegaban otros chicos del barrio a mí me echaban y me decían:
-Ud se va a casa, no juega.
Y generalmente me limitaba, a observar a mis hermanos cuando jugaban con los otros.
Pero yo no quería ser menos. Ya sabía como hacer todo y donde encontrar los elementos necesarios para hacer las cosas. Un día tomé piola de pescar con la cual hice una trenza larga, de mas de un metro y le até en cada extremo una taba. Las tabas eran huesos de las patas de los animales, los astrágalos, que se usaban para jugar a la taba y que mis hermanos habían traído en cantidad de la carnicería vecina. En fin, construí una boleadora y me dispuse a probarla y también a probar mi puntería. Busqué a donde apuntar y por la distancia y ubicación me venía muy bien una canilla que había en el patio, tenía un caño alto y recto que se elevaba como un metro desde el suelo.
Comencé a rebolear mis boleadoras y cuando las iba a lanzar vi un perro que se metió en el patio pero no me quedó mas remedio que arrojarlas porque el impulso que habían tomado era superior a mis fuerzas. Tuve puntería pues las boleadoras se enroscaron en el caño vertical, pero envolvió contra la canilla al perro con sus patas traseras en paralelo al caño en forma tal que quedó atrapado. Yo no pude gozar de mi buena puntería. La arruinó el perro que empezó a aullar de tal manera que me desesperó y asustó. No me animaba a auxiliar al perro con su boca abierta y grandes colmillos que gemía, aullaba y ladraba cada vez mas. Empecé a gritar:
- ¡Papá! ¡Papá!
Enseguida se llenó de gente, toda mi familia, los que estaban en la casa y el negocio, entre ellos el dueño del perro, fueron atraídos por mis gritos y los del animal.
Cuando llegó mi padre y vio la situación dijo:
- ¡Pobre perro! ¡Decime cual de tus hermanos fue!
- Fui yo, papá!
-¿A quién estás protegiendo? ¡Decime quién fue!
El dueño del perro corrió a liberar a su animal que salió disparando y los curiosos desaparecieron. Mis familiares querían saber quien fue. Yo lloraba desesperada diciendo que no le tiré al perro sino al caño de la canilla. La muchacha que trabajaba en casa dijo haberme visto trenzando las piolas y mis hermanos estaban tan incrédulos como mi padre.
Mi madre dijo:
- Debe haber sido ella nomás, como dice, si los otros chicos no estaban acá.
En mi desesperación le tironeaba la manga del pantalón a papá diciendole que yo sola hice y tiré las boleadoras ¡Todos reían a carcajadas! Hasta mi padre que era tan serio cuando hacíamos travesuras. Por fin,cuando se dio cuenta que era cierto, me alzó para que dejara de llorar, me sonó la nariz y me secó la cara con su pañuelo y dijo:
- ¡Mira la chiquitita! Pero vos no tenes la culpa. Fue el perro que confundió el caño de la canilla con la parte de atrás de un árbol. Y mirando a mi madre dijo:
- Viste, eso pasa porque aquí no hay kindergarten. Vos qué estabas haciendo?
- Yo le estaba bordando un vestidito a la nena
- ¡Mira qué nena! Boleando perros, parece un marimacho.
Mi tia Orfilia que estaba presente dijo:le voy a enseñar a tejer y mirándome amenazó: si no aprendés te voy a llamar Juan Ramón La Cruz González, en vez de Norma Mettler.
Bueno, dijo mi padre, encima debo agradecer que no le pasó nada. Me llevo las boleadoras de recuerdo. Vos no usás más estas cosas. Desde ahora en mas aprenderás a bordar y tejer y mirando a mi madre y mi tía dijo: y tengan cuidado con las agujas. Es muy chiquita, a ver si se ensarta una aguja de tejer todavía.
- ¡Te acordas cuando boleaste a un perro! A eso ¿También lo vas a contar?
-Y por qué no, le dije, si son recuerdos de mi infancia.
Y pensé que sería bueno escribirlo y hoy empecé así: Yo tendría cuatro o cinco años pues todavía no iba a la escuela primaria que en aquel entonces comenzábamos a los seis años. El jardín de infantes no se conocía en mi pueblo ni en muchas otras ciudades en aquella época. Los niños jugábamos con nuestros hermanos y vecinos del barrio a las escondidas, piedra libre, pallana con sus hoyos, puentes, cambiaditas, a la rayuela, a las bolillas o cuando nos mandaban adentro al ludo, ta-te-tí, dados o damas. Cuando llovía jugábamos con mis tías a las cartas: al burro, al culo sucio, al desconfío o al pinche. Cuando mi padre nos reunía para entretenernos era para enseñarnos a sumar y calcular. Con él jugábamos a la escoba, al truco y al tute con codo con los naipes españoles y al pocker con los ingleses. Yo no sabía ni lo que era un número quince pero sabía que con un caballo y un seis o un rey y un cinco podía levantar una baza. A través de las figuras nos daban los valores asignados y nos decían: aquí la sota es ocho, el caballo 9 y el rey 10, independientemente de lo que tengan escrito. Cuando eramos muchos jugábamos a la lotería.
Pero claro, no siempre llovía y cuando no habían nacido mis dos hermanos menores, los cuatro mayores eramos tres varones y yo. A ellos les gustaba jugar a la guerra con soldaditos, a los indios, a los aros que hacían rodar con un alambre doblado en la punta, o con zancos, según las épocas.
En el tiempo que les relato tenían el berretín de jugar a los indios. Hacían sus hondas o gomeras, sus arcos, sus flechas y sus boleadoras. Y en realidad aunque quería jugar con ellos solo me lo permitían cuando estaban solos. Si llegaban otros chicos del barrio a mí me echaban y me decían:
-Ud se va a casa, no juega.
Y generalmente me limitaba, a observar a mis hermanos cuando jugaban con los otros.
Pero yo no quería ser menos. Ya sabía como hacer todo y donde encontrar los elementos necesarios para hacer las cosas. Un día tomé piola de pescar con la cual hice una trenza larga, de mas de un metro y le até en cada extremo una taba. Las tabas eran huesos de las patas de los animales, los astrágalos, que se usaban para jugar a la taba y que mis hermanos habían traído en cantidad de la carnicería vecina. En fin, construí una boleadora y me dispuse a probarla y también a probar mi puntería. Busqué a donde apuntar y por la distancia y ubicación me venía muy bien una canilla que había en el patio, tenía un caño alto y recto que se elevaba como un metro desde el suelo.
Comencé a rebolear mis boleadoras y cuando las iba a lanzar vi un perro que se metió en el patio pero no me quedó mas remedio que arrojarlas porque el impulso que habían tomado era superior a mis fuerzas. Tuve puntería pues las boleadoras se enroscaron en el caño vertical, pero envolvió contra la canilla al perro con sus patas traseras en paralelo al caño en forma tal que quedó atrapado. Yo no pude gozar de mi buena puntería. La arruinó el perro que empezó a aullar de tal manera que me desesperó y asustó. No me animaba a auxiliar al perro con su boca abierta y grandes colmillos que gemía, aullaba y ladraba cada vez mas. Empecé a gritar:
- ¡Papá! ¡Papá!
Enseguida se llenó de gente, toda mi familia, los que estaban en la casa y el negocio, entre ellos el dueño del perro, fueron atraídos por mis gritos y los del animal.
Cuando llegó mi padre y vio la situación dijo:
- ¡Pobre perro! ¡Decime cual de tus hermanos fue!
- Fui yo, papá!
-¿A quién estás protegiendo? ¡Decime quién fue!
El dueño del perro corrió a liberar a su animal que salió disparando y los curiosos desaparecieron. Mis familiares querían saber quien fue. Yo lloraba desesperada diciendo que no le tiré al perro sino al caño de la canilla. La muchacha que trabajaba en casa dijo haberme visto trenzando las piolas y mis hermanos estaban tan incrédulos como mi padre.
Mi madre dijo:
- Debe haber sido ella nomás, como dice, si los otros chicos no estaban acá.
En mi desesperación le tironeaba la manga del pantalón a papá diciendole que yo sola hice y tiré las boleadoras ¡Todos reían a carcajadas! Hasta mi padre que era tan serio cuando hacíamos travesuras. Por fin,cuando se dio cuenta que era cierto, me alzó para que dejara de llorar, me sonó la nariz y me secó la cara con su pañuelo y dijo:
- ¡Mira la chiquitita! Pero vos no tenes la culpa. Fue el perro que confundió el caño de la canilla con la parte de atrás de un árbol. Y mirando a mi madre dijo:
- Viste, eso pasa porque aquí no hay kindergarten. Vos qué estabas haciendo?
- Yo le estaba bordando un vestidito a la nena
- ¡Mira qué nena! Boleando perros, parece un marimacho.
Mi tia Orfilia que estaba presente dijo:le voy a enseñar a tejer y mirándome amenazó: si no aprendés te voy a llamar Juan Ramón La Cruz González, en vez de Norma Mettler.
Bueno, dijo mi padre, encima debo agradecer que no le pasó nada. Me llevo las boleadoras de recuerdo. Vos no usás más estas cosas. Desde ahora en mas aprenderás a bordar y tejer y mirando a mi madre y mi tía dijo: y tengan cuidado con las agujas. Es muy chiquita, a ver si se ensarta una aguja de tejer todavía.
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Por falta de kindergarten?
viernes, 5 de junio de 2009
Sí... daba de comer al gato
Pasó hace años, en el partido de San Isidro, Pcia. de Buenos Aires. Seguía mis pasos acostumbrados para tomar el colectivo 60, desde mi casa en Martínez hasta la Avenida Santa Fe. De pronto quedé estátita, casi tropiezo con una mujer que muy apresurada salía hacia la vereda de su casa. La mujer, que casi me atrepella, como gesto de disculpa sonríe y me dice: estoy por dar de comer al gato. Al oirla pensé, entendí mal o esta mujer no está en sus cabales. LLevaba un mantel de cuadros todo abollado y apretujado en sus manos, como si terminara de levantar la mesa de desayuno y miraba hacia la ventana de su casa que estaba abierta. Seguí unos pasos y luego me di vuelta pensando que quizás esa mujer me conocía y yo no me había dado cuenta o que había dicho otra cosa y oí mal. La interrogué: -Perdón, qué dijo?
-Que le voy a dar de comer al gato: mire.
Sacudió el mantel llenando la vereda de migas que de inmediato se cubrieron de pajaritos que poblaban los naranjos de esta calle de mi ciudad. La algarabía de los pajaritos que picoteaban alimentándose me llenó de placer, interrumpido por algo que como bala saltó de la ventana abierta y de un zarpazo agarró un gorrión y se metió nuevamente en la casa. Era un gato gris inmenso. Me quedé estupefacta.
-Vio? Ya está acostumbrado, todos los días hago lo mismo, así se alimenta mi gato.
-Pobres pajaritos, dije. Los engaña.
-No, solo uno sale engañado y siempre es un gorrión. Además el gato se regocija, la naturaleza es así, qué le vamos a hacer.
A mí me dolió el alma, pobre pajarito! Y, me quedé pensando en la diferencia de sentimientos frente al mismo hecho. La mujer estaba contenta pues su gato estaba feliz. Acababa de tener su trofeo, ella lo había alimentado. Además se entretuvo mirando los pajaritos, con cara feliz, consciente solo de haberles hecho un favor. A ellos también los alimentaba. El destino del pajarito atrapado la tenía sin cuidado, era sólo un gorrión.
Pensé: yo sé, señora vecina de mi barrio, que la vida es así, pero por algo que no podría explicar, no me animaría a engañar a sabiendas ni a un simple gorrión ¿Será que hay diferencias en nuestras personalidades, así como diferencias entre los valores que Ud asigna a los pajaritos... Sí, era un simple gorrión! Pero los gorriones también deben sentir dolor y también tienen nidos con pichones a cuidar. Razonadamente quizás Ud tenga razón; los pájaros están condenados a morir desde que nacen, es un proceso natural que el gato solo aceleró y lo mató tan rápido que el pajarito posiblemente ni llegó a tener conciencia de lo que pasaba. Es también cierto que los felinos se alimentan así en la naturaleza. Pero debo de confesarle señora que Ud hirió mis sentimientos, no solo porque sentí que con premeditación engañaba a un pajarito, sino porque sus manifestaciones eran de estar haciendo una gracia y quería que yo la compartiera. Y para mí eso no fue una gracia, me hirió en el alma Sra. Solo debo agradecerle que me haya dado material para este cuento, pero si sigue haciéndolo ¡Hágalo en el fondo de su casa, no en la vereda, no es virtud para exhibir o correr riesgos de atropellar gente con su ímpetu, así, como pasó conmigo. De cualquier forma, gracias por haberme querido complacer. Esto último fue lo único que me atreví a decir.
-Que le voy a dar de comer al gato: mire.
Sacudió el mantel llenando la vereda de migas que de inmediato se cubrieron de pajaritos que poblaban los naranjos de esta calle de mi ciudad. La algarabía de los pajaritos que picoteaban alimentándose me llenó de placer, interrumpido por algo que como bala saltó de la ventana abierta y de un zarpazo agarró un gorrión y se metió nuevamente en la casa. Era un gato gris inmenso. Me quedé estupefacta.
-Vio? Ya está acostumbrado, todos los días hago lo mismo, así se alimenta mi gato.
-Pobres pajaritos, dije. Los engaña.
-No, solo uno sale engañado y siempre es un gorrión. Además el gato se regocija, la naturaleza es así, qué le vamos a hacer.
A mí me dolió el alma, pobre pajarito! Y, me quedé pensando en la diferencia de sentimientos frente al mismo hecho. La mujer estaba contenta pues su gato estaba feliz. Acababa de tener su trofeo, ella lo había alimentado. Además se entretuvo mirando los pajaritos, con cara feliz, consciente solo de haberles hecho un favor. A ellos también los alimentaba. El destino del pajarito atrapado la tenía sin cuidado, era sólo un gorrión.
Pensé: yo sé, señora vecina de mi barrio, que la vida es así, pero por algo que no podría explicar, no me animaría a engañar a sabiendas ni a un simple gorrión ¿Será que hay diferencias en nuestras personalidades, así como diferencias entre los valores que Ud asigna a los pajaritos... Sí, era un simple gorrión! Pero los gorriones también deben sentir dolor y también tienen nidos con pichones a cuidar. Razonadamente quizás Ud tenga razón; los pájaros están condenados a morir desde que nacen, es un proceso natural que el gato solo aceleró y lo mató tan rápido que el pajarito posiblemente ni llegó a tener conciencia de lo que pasaba. Es también cierto que los felinos se alimentan así en la naturaleza. Pero debo de confesarle señora que Ud hirió mis sentimientos, no solo porque sentí que con premeditación engañaba a un pajarito, sino porque sus manifestaciones eran de estar haciendo una gracia y quería que yo la compartiera. Y para mí eso no fue una gracia, me hirió en el alma Sra. Solo debo agradecerle que me haya dado material para este cuento, pero si sigue haciéndolo ¡Hágalo en el fondo de su casa, no en la vereda, no es virtud para exhibir o correr riesgos de atropellar gente con su ímpetu, así, como pasó conmigo. De cualquier forma, gracias por haberme querido complacer. Esto último fue lo único que me atreví a decir.
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sábado, 30 de mayo de 2009
El OVNI de Bariloche
Eran las 13 hs del día 4-8-95 y me encontraba observando el programa de canal 9 de Bs As, "Almorzando con Mirtha Legrand" que se presentaba de Lunes a Viernes. Esa vez estaban como invitados, el protagonista del avistamiento de un Objeto Volador No Identificado (OVNI), comandante Jorge Polanco. Era un hombre de mediana edad con su uniforme y corbata negra, camisa celeste un poco mas clara que sus ojos y con una expresión en su rostro, que no me cabe la menor duda que al informar decía la verdad. En sus 25 años de experiencias como piloto de aviación era la primera vez que se encontraba frente a este fenómeno desconocido para él pero no para otros aviadores que sabemos que han tenido vivencias semejantes en todo el mundo y desde hace muchísimos años.
Otro invitado, el comandante Domingo Gaitán, de gendarmería, con su uniforme verde grisáceo, ojos marrones y corbata mas clara, beige, que en otro avión vio lo mismo que Polanco, ayudaba a revivir los hechos.
También fueron invitados un matrimonio que vive a 17 Km de la ciudad de Bariloche y fueron testigos oculares del hecho, visto desde otro ángulo y situación, los Cabral (Berta y Silverio). Ella es ama de su casa y él un formoseño ex-policía que vive desde hace muchos años en esa zona.
Completaba la mesa el Dr Antonio Las Heras, investigador sobre OVNI'S, contento porque sabía que este programa que tiene millones de expectadores haría mas creíble el tema que se presentaba: un OVNI avistado en nuestro país. Porque aunque parezca mentira hay gente que todavía no cree que existan. Mirtha, con una excelente conducción, cosa que le es habitual, trató de sonsacar cuanta información pudo.
Yo les voy a contar lo que me acuerdo de esta narración y agregaré lo que sepa de otras oportunidades para que no tengan una ignorancia supina, que es la que procede de negligencia en aprender lo que puede y debe saberse.
De lo que pasó en Bariloche se dedujo:
1- Nadie se asustó pero todos se sorprendieron,
2- El objeto fue visualizado por todos los informantes pero no captado por el radar del aeropuerto,
3- Fue percibido tanto desde tierra como desde los aviones en vuelo y aconteció como sigue:
Era el 31-7-95 cuando a eso de las 20 hs Bariloche se quedó sin luz. Los esposos Cabral van al mercado y al salir ven en el cielo algo muy luminoso, color naranja intenso, con rayos que se proyectaban solo hacia abajo. Por los costados del centro radiante, la luz era verdosa. Era noche de estrellas con luna que iluminaba poco y algunas nubes. En ese cielo volando a 31.000 pies el piloto vio cómo Bariloche se quedó sin luz y cómo, poco después, pero no simultáneamente, quedaba sin luz el aeropuerto que estaba iluminado con equipo electrógeno propio. Esto le impidió aterrizar por lo cual hizo un escape. Tenían que aterrizar entre las 20 y 20.30 hs con un Boing 727 de 88 toneladas de peso, de mas de 50 metros de largo, con 102 personas a bordo. El comandante Polanco, con otros tres tripulantes observan un plato invertido luminoso a la derecha del avión. La torre del aeropuerto manifestaba no tener conocimiento por instrumentos pero estar avistando una luz a 40 ó 50 metros del avión. Se veía la forma definida de plato sopero invertido pero la luz tan intensa impedía ver lo que había en la parte superior o visualizar algo en su interior.
El OVNI, completamente silencioso, poseía una velocidad superior a la que pueden alcanzar nuestras naves y además ascendió en ángulo recto, de 90°cosa que no logra hacer la tecnología a nuestro alcance hasta el día de hoy. El plato fue avistado en otros puntos del sur argentino por habitantes de esa región de acuerdo a los llamados telefónicos que recibió el programa.
El mayor Oviedo a cargo del aeropuerto, muy excitado, ni bien descendieron los pasajeros fue a hablar con Polenco y los tripulantes, no cabían dudas de que habían visto lo mismo.
Yo me puse a pensar y recordé que en el "Metropolitan Museum" de Nueva York, USA, que es una colección completa de objetos ilustrativos de la historia y el arte desde sus comienzos hasta lo actual, vi en una de mis visitas, una cápsula de una nave espacial con su tripulante dentro, un humanoide de talla pequeña, como momificado,que había sido encontrado años anteriores a la exposición y no estoy hablando de ahora sino de la década del 60, y esa era una nave espacial tripulada con un ser diferente a las tres razas que poblamos el planeta tierra.
También recuerdo de esa década, que el Dr Escardó, nos contó que había ido a la Rca Oriental del Uruguay, en donde en un establecimiento, "La Aurora", aterrizaban platos voladores. Mi hermano mayor años después me comentó lo mismo: le pedí que me llevara y fuimos. Los de la NASA ya habían estado y hasta dejado una placa de recuerdo. Las áreas de pastos quemados, bien demarcadas, que quedaban al despegar las naves, árboles partidos y otras observaciones y relatos de los cuidadores de la finca, no dejaban lugar a dudas en cuanto a la veracidad de los hechos. Incluso se nos paró el motor del vehículo y no pudimos avanzar a la hora que es sabido había fenómenos físicos que impedían la circulación, hecho que acaecía al anochecer. Menos mal que andábamos en casa rodante de manera que al día siguiente todo se normalizó y pudimos llegar a "La Aurora" recorriendo uno o dos Km que nos faltaba para llegar.
En otra oportunidad guardé en casa un pedazo de tierra modificada, mas negra y compacta, casi piedra; sacada del lugar de aterrizaje de un plato volador en Entre ríos. Claro que a esto me lo dio de recuerdo un señor que en Gualeguaychú se convirtió en seguidor de todos estos hechos. Me dijo que el terrón corresponde al lugar del aterrizaje de un OVNI sobre tres patitas que asientan sobre el terreno y la compactación de tierra tiene lugar al despegar el vuelo pues lanzan tanta presión que queman los pastos y comprimen la tierra en la circunferencia correspondiente al área del plato. Ya ha habido varios aterrizajes en E. Ríos. El primero que recuerdo fue en Palavecino, en donde el chacarero que estaba en el campo no sólo vio la nave sino que le robaron un animal de cada especie, un pavo, una gallina, un cerdo. No tenía razones para mentir.
Hace no muchos años, a mediados o finales del 80, mientras jugaba a la canasta con cinco familiares en mi casa del Gran Buenos Aires, recuerdo que estaban informando por los medios de comunicación que los aviones no podían aterrizar en el aeroparque de la ciudad porque habría una flotilla de platos voladores sobrevolando la pista. Yo insistía en que quería ir a verlos y los que estaban jugando me decían que quería interrumpir porque iba perdiendo. Les decía que escucharan y/o vieran lo que decían por televisión, que estaba encendida y yo observaba, y no hacían caso, estaban sordos para ese tema. Después salió en los diarios, pero el pueblo olvidó. Cada vez que hablan sobre el tema parece una novedad.
Cuando algo pasa, existen razones, aunque a veces las ignoremos, ¿Será que el ser humano siente esa perturbación angustiosa del ánimo por peligro real o imaginario, llamado miedo, y se defiende del mismo no grabando en memoria a la información que lo provoca? Además pienso que ese miedo es cerval, es decir grande y excesivo, en los organismos de defensa nacionales de todo el mundo y esa debe ser la razón por la cual no estamos mas informados como alumnos de escuelas y colegios.
Estamos ante un fenómeno que no se informa porque también lo desconocen quienes nos enseñan. Yo no sé si las naves son extra o intra terrestres. Todo parece indicar que tienen pista de aterrizaje en el Uritorco (Córdoba), en La Aurora (R del Uruguay). Que también hay fenómenos raros en el triángulo de las Bermudas del Caribe y quien sabe en cuantos lugares mas. También sabemos que hay mucha gente abocada a recopilar datos y documentación fehaciente sobre los hechos, que a veces publican libros y otras aparecen por televisión. Yo recuerdo a Favio Serpa hablando sobre el particular. Con todo esto que les cuento quiero decirles que el tema es fascinante y hasta existe la posibilidad de que estas naves o algunas de ellas sean producto de alguna organización de nuestro planeta que ha descubierto nuevas tecnologías cuyo secreto se guardan. Pero si nosotros, los terráqueos ya hace años llegamos a la luna y actualmente estamos con satélites y estaciones espaciales realizando estudios de Marte y otros planetas ¿Por qué tenemos que pensar que somos los únicos seres inteligentes del universo?
¡Ah! Me olvidé de contarles lo que Le pasó al Sr Cabral la noche que vio el OVNI. No pudo dormir porque la imagen del OVNI le quedó dentro de la cabeza ¡yo lo comprendo! A mí una vez me pasó algo parecido, hace pocos años, aunque yo desgraciadamente nunca vi un OVNI. Fue en una ocasión en que había conseguido un juego para mi computadora, el digger, que hasta hoy practico para ejercitar mi función cerebral. Resulta que yo conseguí un disquette con el juego, pero no hubo quien me lo pudiera enseñar y no tenía las reglas del mismo. Entonces me esforcé por entenderlo por mí misma y practicaba viendo cuando me daba puntos, que eran esas bananas que aparecían de donde salían los diggers y cuando percibí que eran premios quise encontrar las claves del juego que otorgaba los mismos. Así, sin parar, practicando, estuve todo un día y hasta las cinco de la mañana del siguiente. Cuando quise dormir no pude aún con los ojos cerrados los diggers seguían corriendo en mi mente como si la pantalla del monitor se hubiera trasladado a mi cerebro. Me asusté porque creí que me iba a enloquecer, pero eso pasó y nunca mas llegué a propasarme en el uso de la computadora. Pienso que cuando una luz, como la del OVNI, es demasiado potente, o sin ser tan potente, uno se expone demasiado tiempo, como en la computadora, el cerebro en vez de archivar las imágenes en memoria, las deja dando vueltas en el circuito cerebral.
Este es el relato que les querría contar, como ven mi experiencia es escasa ¡Nunca vi un OVNI!, ¡Pero saben qué ganas que tengo de verlo! Pero no se palpan, ni se gustan, ni se oyen, ni se huelen. Hay una sola forma de percibirlos: verlos, observar el cielo, y yo soy tan casera que lo único que veo es el cielo raso. Las imágenes que he visto son televisivas, fotos y experiencias captadas por otros y eso me basta para saber que es cierto pues tengo conciencia de los límites de nuestros conocimientos, y sé que existen muchas, muchísimas cosas que escapan a mi saber y entender.
Otro invitado, el comandante Domingo Gaitán, de gendarmería, con su uniforme verde grisáceo, ojos marrones y corbata mas clara, beige, que en otro avión vio lo mismo que Polanco, ayudaba a revivir los hechos.
También fueron invitados un matrimonio que vive a 17 Km de la ciudad de Bariloche y fueron testigos oculares del hecho, visto desde otro ángulo y situación, los Cabral (Berta y Silverio). Ella es ama de su casa y él un formoseño ex-policía que vive desde hace muchos años en esa zona.
Completaba la mesa el Dr Antonio Las Heras, investigador sobre OVNI'S, contento porque sabía que este programa que tiene millones de expectadores haría mas creíble el tema que se presentaba: un OVNI avistado en nuestro país. Porque aunque parezca mentira hay gente que todavía no cree que existan. Mirtha, con una excelente conducción, cosa que le es habitual, trató de sonsacar cuanta información pudo.
Yo les voy a contar lo que me acuerdo de esta narración y agregaré lo que sepa de otras oportunidades para que no tengan una ignorancia supina, que es la que procede de negligencia en aprender lo que puede y debe saberse.
De lo que pasó en Bariloche se dedujo:
1- Nadie se asustó pero todos se sorprendieron,
2- El objeto fue visualizado por todos los informantes pero no captado por el radar del aeropuerto,
3- Fue percibido tanto desde tierra como desde los aviones en vuelo y aconteció como sigue:
Era el 31-7-95 cuando a eso de las 20 hs Bariloche se quedó sin luz. Los esposos Cabral van al mercado y al salir ven en el cielo algo muy luminoso, color naranja intenso, con rayos que se proyectaban solo hacia abajo. Por los costados del centro radiante, la luz era verdosa. Era noche de estrellas con luna que iluminaba poco y algunas nubes. En ese cielo volando a 31.000 pies el piloto vio cómo Bariloche se quedó sin luz y cómo, poco después, pero no simultáneamente, quedaba sin luz el aeropuerto que estaba iluminado con equipo electrógeno propio. Esto le impidió aterrizar por lo cual hizo un escape. Tenían que aterrizar entre las 20 y 20.30 hs con un Boing 727 de 88 toneladas de peso, de mas de 50 metros de largo, con 102 personas a bordo. El comandante Polanco, con otros tres tripulantes observan un plato invertido luminoso a la derecha del avión. La torre del aeropuerto manifestaba no tener conocimiento por instrumentos pero estar avistando una luz a 40 ó 50 metros del avión. Se veía la forma definida de plato sopero invertido pero la luz tan intensa impedía ver lo que había en la parte superior o visualizar algo en su interior.
El OVNI, completamente silencioso, poseía una velocidad superior a la que pueden alcanzar nuestras naves y además ascendió en ángulo recto, de 90°cosa que no logra hacer la tecnología a nuestro alcance hasta el día de hoy. El plato fue avistado en otros puntos del sur argentino por habitantes de esa región de acuerdo a los llamados telefónicos que recibió el programa.
El mayor Oviedo a cargo del aeropuerto, muy excitado, ni bien descendieron los pasajeros fue a hablar con Polenco y los tripulantes, no cabían dudas de que habían visto lo mismo.
Yo me puse a pensar y recordé que en el "Metropolitan Museum" de Nueva York, USA, que es una colección completa de objetos ilustrativos de la historia y el arte desde sus comienzos hasta lo actual, vi en una de mis visitas, una cápsula de una nave espacial con su tripulante dentro, un humanoide de talla pequeña, como momificado,que había sido encontrado años anteriores a la exposición y no estoy hablando de ahora sino de la década del 60, y esa era una nave espacial tripulada con un ser diferente a las tres razas que poblamos el planeta tierra.
También recuerdo de esa década, que el Dr Escardó, nos contó que había ido a la Rca Oriental del Uruguay, en donde en un establecimiento, "La Aurora", aterrizaban platos voladores. Mi hermano mayor años después me comentó lo mismo: le pedí que me llevara y fuimos. Los de la NASA ya habían estado y hasta dejado una placa de recuerdo. Las áreas de pastos quemados, bien demarcadas, que quedaban al despegar las naves, árboles partidos y otras observaciones y relatos de los cuidadores de la finca, no dejaban lugar a dudas en cuanto a la veracidad de los hechos. Incluso se nos paró el motor del vehículo y no pudimos avanzar a la hora que es sabido había fenómenos físicos que impedían la circulación, hecho que acaecía al anochecer. Menos mal que andábamos en casa rodante de manera que al día siguiente todo se normalizó y pudimos llegar a "La Aurora" recorriendo uno o dos Km que nos faltaba para llegar.
En otra oportunidad guardé en casa un pedazo de tierra modificada, mas negra y compacta, casi piedra; sacada del lugar de aterrizaje de un plato volador en Entre ríos. Claro que a esto me lo dio de recuerdo un señor que en Gualeguaychú se convirtió en seguidor de todos estos hechos. Me dijo que el terrón corresponde al lugar del aterrizaje de un OVNI sobre tres patitas que asientan sobre el terreno y la compactación de tierra tiene lugar al despegar el vuelo pues lanzan tanta presión que queman los pastos y comprimen la tierra en la circunferencia correspondiente al área del plato. Ya ha habido varios aterrizajes en E. Ríos. El primero que recuerdo fue en Palavecino, en donde el chacarero que estaba en el campo no sólo vio la nave sino que le robaron un animal de cada especie, un pavo, una gallina, un cerdo. No tenía razones para mentir.
Hace no muchos años, a mediados o finales del 80, mientras jugaba a la canasta con cinco familiares en mi casa del Gran Buenos Aires, recuerdo que estaban informando por los medios de comunicación que los aviones no podían aterrizar en el aeroparque de la ciudad porque habría una flotilla de platos voladores sobrevolando la pista. Yo insistía en que quería ir a verlos y los que estaban jugando me decían que quería interrumpir porque iba perdiendo. Les decía que escucharan y/o vieran lo que decían por televisión, que estaba encendida y yo observaba, y no hacían caso, estaban sordos para ese tema. Después salió en los diarios, pero el pueblo olvidó. Cada vez que hablan sobre el tema parece una novedad.
Cuando algo pasa, existen razones, aunque a veces las ignoremos, ¿Será que el ser humano siente esa perturbación angustiosa del ánimo por peligro real o imaginario, llamado miedo, y se defiende del mismo no grabando en memoria a la información que lo provoca? Además pienso que ese miedo es cerval, es decir grande y excesivo, en los organismos de defensa nacionales de todo el mundo y esa debe ser la razón por la cual no estamos mas informados como alumnos de escuelas y colegios.
Estamos ante un fenómeno que no se informa porque también lo desconocen quienes nos enseñan. Yo no sé si las naves son extra o intra terrestres. Todo parece indicar que tienen pista de aterrizaje en el Uritorco (Córdoba), en La Aurora (R del Uruguay). Que también hay fenómenos raros en el triángulo de las Bermudas del Caribe y quien sabe en cuantos lugares mas. También sabemos que hay mucha gente abocada a recopilar datos y documentación fehaciente sobre los hechos, que a veces publican libros y otras aparecen por televisión. Yo recuerdo a Favio Serpa hablando sobre el particular. Con todo esto que les cuento quiero decirles que el tema es fascinante y hasta existe la posibilidad de que estas naves o algunas de ellas sean producto de alguna organización de nuestro planeta que ha descubierto nuevas tecnologías cuyo secreto se guardan. Pero si nosotros, los terráqueos ya hace años llegamos a la luna y actualmente estamos con satélites y estaciones espaciales realizando estudios de Marte y otros planetas ¿Por qué tenemos que pensar que somos los únicos seres inteligentes del universo?
¡Ah! Me olvidé de contarles lo que Le pasó al Sr Cabral la noche que vio el OVNI. No pudo dormir porque la imagen del OVNI le quedó dentro de la cabeza ¡yo lo comprendo! A mí una vez me pasó algo parecido, hace pocos años, aunque yo desgraciadamente nunca vi un OVNI. Fue en una ocasión en que había conseguido un juego para mi computadora, el digger, que hasta hoy practico para ejercitar mi función cerebral. Resulta que yo conseguí un disquette con el juego, pero no hubo quien me lo pudiera enseñar y no tenía las reglas del mismo. Entonces me esforcé por entenderlo por mí misma y practicaba viendo cuando me daba puntos, que eran esas bananas que aparecían de donde salían los diggers y cuando percibí que eran premios quise encontrar las claves del juego que otorgaba los mismos. Así, sin parar, practicando, estuve todo un día y hasta las cinco de la mañana del siguiente. Cuando quise dormir no pude aún con los ojos cerrados los diggers seguían corriendo en mi mente como si la pantalla del monitor se hubiera trasladado a mi cerebro. Me asusté porque creí que me iba a enloquecer, pero eso pasó y nunca mas llegué a propasarme en el uso de la computadora. Pienso que cuando una luz, como la del OVNI, es demasiado potente, o sin ser tan potente, uno se expone demasiado tiempo, como en la computadora, el cerebro en vez de archivar las imágenes en memoria, las deja dando vueltas en el circuito cerebral.
Este es el relato que les querría contar, como ven mi experiencia es escasa ¡Nunca vi un OVNI!, ¡Pero saben qué ganas que tengo de verlo! Pero no se palpan, ni se gustan, ni se oyen, ni se huelen. Hay una sola forma de percibirlos: verlos, observar el cielo, y yo soy tan casera que lo único que veo es el cielo raso. Las imágenes que he visto son televisivas, fotos y experiencias captadas por otros y eso me basta para saber que es cierto pues tengo conciencia de los límites de nuestros conocimientos, y sé que existen muchas, muchísimas cosas que escapan a mi saber y entender.
sábado, 23 de mayo de 2009
Y... llegaba a mi funeral
Corría el año 1971, estaba en la Universidad de Yale cuando vi un aviso de la Sociedad para Patología de Invertebrados del país donde me encontraba, comunicando el III Coloquio Internacional sobre cultivo de tejidos de Invertebrados, que se realizaría en Smolonice, Checoslovaquia. El aviso era una invitación para los científicos que estuvieran usando cultivo de tejidos de invertebrados en sus experimentos y estuvieran dispuestos a presentar los resultados obtenidos en esa reunión. Existía la posibilidad de que esa organización científica corriera con los costos del viaje pues querían estar representados. Me gustó la idea sobre todo por la oportunidad de conocer esa región que estaba prácticamente vedada al turismo, pues se encontraba detrás de la denominada "cortina de hierro". Escribí mandando mis datos y el trabajo que tenía sobre el particular.
Nunca pensé que un experimento que era prácticamente rutina me diera tantas emociones en la vida. En realidad estaba trabajando desde hacía años con el agente causal de Fiebre Hemorrágica Argentina (Mal de los rastrojos), en el centro internacional de referencia para arbovirus. Hacía años que sabíamos que Junín no era un arbovirus, es decir un virus que cumple un ciclo biológico en un artrópodo, donde se multiplica, que en la mayor parte de los casos eran mosquitos o garrapatas. Cuando un virus era recibido en este centro, uno de los caminos que seguía, además de su estudio antigénico, era saber si multiplicaba en mosquitos, para lo cual había técnicas para inocular estos artrópodos y saber cual especie era capaz de multiplicarlo. No es fácil inocular mosquitos, además de necesitarse instalaciones especiales y gente muy bien entrenada. Si bien tuve que aprender todas estas técnicas como becaria, me sentí muy contenta cuando un colega hindú comunicó que había conseguido, a partir de mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, líneas celulares para cultivos que se manejaban de forma similar o Hela o Vero o cualquier otra de origen animal y lo más interesante de todo es que estaban siendo probadas en varios laboratorios y hasta ese entonces había una correlación absoluta entre la multiplicación del virus en el artrópodo y en la línea celular derivada de esa especie.
Sonia, una médica suiza jefe del laboratorio de cultivo de tejidos, cuando recibió las células me lo comentó y le pregunté si podía probar Junín en estos cultivos y con mucho gusto decidimos hacer el experimento. El resultado fue el esperado, es decir no hubo multiplicación de Junín en ninguna de las dos líneas celulares mientras que propagó perfectamente el control realizado con un arbovirus de mosquito. Mi misión en el Coloquio sería presentar estos resultados.
La Asociación contestó nombrándome delegada al mismo y una agencia de turismo se encargó de los trámites oficiales. En aquél entonces en los países detrás de la cortina, era necesario decir cuántos días pensaba quedarse uno en el país y debía pagar de antemano al gobierno por toda la estadía planeada para lo cual tenían una tarifa diaria, creo que eran quince o veinte dólares por día. Además había que salir por el mismo aeropuerto por donde se entraba pues retenían el pasaporte al llegar.
Salí de New Haven al aeropuerto Kennedy de New York, y desde allí
volamos a Europa haciendo escalas hasta llegar a Amsterdam, la capital de Holanda, donde debía cambiar el avión para ir a Praga. Fue en este vuelo en donde a mitad de camino explotó un motor del avión; el estruendo fue tremendo y creíamos que nos íbamos a caer. Cuando logramos sobreponernos un poco, habló la azafata pidiendo tranquilidad y diciendo que habíamos tenido un desperfecto y no nos darían permiso de aterrizaje en Praga por las condiciones en que estábamos, porque además del estallido del motor se había dañado el tren de aterrizaje. Debíamos de volver a Amsterdam en donde con un poco de suerte a lo mejor lográbamos llegar a destino y si lo hacíamos tendríamos problemas con el aterrizaje. La gente que al principio gritó descontrolada, logró reaccionar y con sus cinturones asegurados quedaron en sus asientos. Sólo una mujer cincuentona aparentemente histérica seguía gritando de manera tal que nos ponía nerviosos a todos; la pobre azafata ya no sabía qué hacer. Finalmente llegamos a Praga y empezamos a aterrizar con sacudones muy violentos. El avión parecía un caballo galopando sobre la pista, quedamos medio atontados. Para colmo cubrieron todo el avión con una espuma blanca que arrojaban tanques de bomberos. El sonido de las ambulancias era aterrador. Yo ya no sabía si todo era realidad o estaba sufriendo una pesadilla. Tuve la sensación de estar enterrada viva dentro del avión, y era realidad, pero lo que estaba tapizando el avión no era tierra sino un compuesto químico blanco, de lo contrario nos hubiéramos quemado vivos allí mismo. Abordaron enseguida hombres de blanco que se llevaron en camilla a la histérica que seguía gritando y al cadáver de un señor que sin hacer escándalo se había muerto en su asiento; posiblemente de un infarto según lo que dijo el comisario de a bordo.
Con la angustia pasada en ese aparato no veíamos la hora de bajarnos, pero el comandante de la nave habló diciendo: los pasajeros a bordo ya fueron revisados al subir y no se puede contratar nuevamente ese servicio de manera que quedarán a bordo del avión mientras se arregla el desperfecto.
Era cierto, era época de secuestro de aviones y atentados en todo el mundo de manera que la revisación era tan rigurosa que enfermeras con guantes nos revisaban hasta la ropa interior y el cuerpo antes do embarcarnos. Dijo que tenían que cambiar motor, tren de aterrizaje y computadora y no podíamos bajar del avión y para colmo la azafata agregó: y tampoco salir de sus asientos.
Lo que no nos dijeron es que el arreglo demoraría hasta el día siguiente. Estuvimos como 24 hs. sentaditos en el avión, nos servían gaseosas y sandwiches a pedido y nos ponían música. Me levanté para ir al toilette: quería asegurarme de estar viva y con capacidad de despegarme del asiento. Pensé, me hubiera hecho la histérica y hubiera gritado como la otra y me hubiera salvado de este martirio.
Por fin me resigné. Estaba en un país extranjero, no conocía a nadie, ni siquiera el idioma que esa gente habla y después de todo estando dentro del avión había gente y una compañía responsable para avisar a mis familiares si algo pasaba.
Traté de dormir, pero mis pensamientos no me dejaban; mi memoria me hizo visualizar toda mi vida en instantes y mientras con los ojos cerrados seguía pensando sobre mi suerte, llegaría a destino.
Por fin terminaron de arreglar el avión y el comandante anunció: vamos a despegar pero ya no podemos ir a Praga, salimos para Budapest donde todavía hay pasajeros esperando para abordarnos. Yo grité: voy a Checoslovaquia, debo bajar en Bratislava y me respondió: de Budapest vamos a Bratislava y la dejamos. Era la única pasajera para Bratislava y el avión estaba lleno, un avión grande de pasajeros para vuelos internacionales.
Nos llevaron a Budapest (Hungría), bajaron pasajeros y subieron otros nuevos y desde allí fuimos a Bratislava (Checoslovaquia). Era un aeropuerto chico, bajé solita. Hablaba en inglés al empleado del aeropuerto pero no me entendía. Me hizo seña con la mano que esperara y se fue. Vino un señor que en inglés me preguntó quien era. Le dije y le mostré mi pasaporte. Me dijo que ese congreso ya había empezado, que la comisión de recepción había estado todo el día de ayer esperándome hasta que se recibió la noticia de que el avión estalló en el aire y no llegué a Praga, me habían considerado víctima del accidente. Le conté lo que había pasado y me dijo: Smolonice es un castillo que está a unos kms.de acá, no tendrá transporte para ir. Permítame que la lleve yo mismo pues tendré que dar alqunas explicaciones. Fui yo quien comunicó oficialmente lo del accidente.
El señor, muy atento y puntillosamente vestido, que a pesar de ser checoslovaco hablaba perfectamente el inglés, me hizo subir en una limousine negra, flamante, y me llevó al castillo de Smolonice, lugar del evento.
El señor bajó y me pidió que esperara un momento, luego vino y abrió la portezuela de la limousine para que descendiera. A mi encuentro había venido Sonia que me dijo ¡We are doing your funeral! Norma! Are you alive? Me abrazó y detras de ella empezaron a aparecer científicos que yo ni conocía. Me tocaban, me besaban, me abrazaban mientras se oían las expresiones: Thanks to God! I can't believe! Norma, are you? Entonces apareció mi maestro, un español naturalizado americano que yo no sabía que estaría en el Coloquio; estaba pálido y me dijo: explíqueme con detalles lo que pasó. Relaté lo sucedido y me dijo quédese acá ya regresará Sonia.
Sonia vino y me invitó a ir a la habitación que compartiríamos durante el evento. El castillo hacía también de hotel y lugar para conferencias, seminarios, etc. Era un viejo castillo medieval, reservado para reuniones científicas. Cuando llegamos a la habitación me dijo: ahora quedate a descansar y dormí hasta mañana ¡Por favor, no salgas!
No me quedó mas remedio que descansar y dormir! Al otro día al despertarme Sonia ya estaba lista esperándome para ir a desayunar. El coloquio continuaba y ese día nos tocaba presentar el trabajo, que leí sin inconvenientes y todo volvió a la normalidad. Ahora recuerdo que mi maestro y Sonia no habían programado ir a ese evento.
Nunca pensé que un experimento que era prácticamente rutina me diera tantas emociones en la vida. En realidad estaba trabajando desde hacía años con el agente causal de Fiebre Hemorrágica Argentina (Mal de los rastrojos), en el centro internacional de referencia para arbovirus. Hacía años que sabíamos que Junín no era un arbovirus, es decir un virus que cumple un ciclo biológico en un artrópodo, donde se multiplica, que en la mayor parte de los casos eran mosquitos o garrapatas. Cuando un virus era recibido en este centro, uno de los caminos que seguía, además de su estudio antigénico, era saber si multiplicaba en mosquitos, para lo cual había técnicas para inocular estos artrópodos y saber cual especie era capaz de multiplicarlo. No es fácil inocular mosquitos, además de necesitarse instalaciones especiales y gente muy bien entrenada. Si bien tuve que aprender todas estas técnicas como becaria, me sentí muy contenta cuando un colega hindú comunicó que había conseguido, a partir de mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, líneas celulares para cultivos que se manejaban de forma similar o Hela o Vero o cualquier otra de origen animal y lo más interesante de todo es que estaban siendo probadas en varios laboratorios y hasta ese entonces había una correlación absoluta entre la multiplicación del virus en el artrópodo y en la línea celular derivada de esa especie.
Sonia, una médica suiza jefe del laboratorio de cultivo de tejidos, cuando recibió las células me lo comentó y le pregunté si podía probar Junín en estos cultivos y con mucho gusto decidimos hacer el experimento. El resultado fue el esperado, es decir no hubo multiplicación de Junín en ninguna de las dos líneas celulares mientras que propagó perfectamente el control realizado con un arbovirus de mosquito. Mi misión en el Coloquio sería presentar estos resultados.
La Asociación contestó nombrándome delegada al mismo y una agencia de turismo se encargó de los trámites oficiales. En aquél entonces en los países detrás de la cortina, era necesario decir cuántos días pensaba quedarse uno en el país y debía pagar de antemano al gobierno por toda la estadía planeada para lo cual tenían una tarifa diaria, creo que eran quince o veinte dólares por día. Además había que salir por el mismo aeropuerto por donde se entraba pues retenían el pasaporte al llegar.
Salí de New Haven al aeropuerto Kennedy de New York, y desde allí
volamos a Europa haciendo escalas hasta llegar a Amsterdam, la capital de Holanda, donde debía cambiar el avión para ir a Praga. Fue en este vuelo en donde a mitad de camino explotó un motor del avión; el estruendo fue tremendo y creíamos que nos íbamos a caer. Cuando logramos sobreponernos un poco, habló la azafata pidiendo tranquilidad y diciendo que habíamos tenido un desperfecto y no nos darían permiso de aterrizaje en Praga por las condiciones en que estábamos, porque además del estallido del motor se había dañado el tren de aterrizaje. Debíamos de volver a Amsterdam en donde con un poco de suerte a lo mejor lográbamos llegar a destino y si lo hacíamos tendríamos problemas con el aterrizaje. La gente que al principio gritó descontrolada, logró reaccionar y con sus cinturones asegurados quedaron en sus asientos. Sólo una mujer cincuentona aparentemente histérica seguía gritando de manera tal que nos ponía nerviosos a todos; la pobre azafata ya no sabía qué hacer. Finalmente llegamos a Praga y empezamos a aterrizar con sacudones muy violentos. El avión parecía un caballo galopando sobre la pista, quedamos medio atontados. Para colmo cubrieron todo el avión con una espuma blanca que arrojaban tanques de bomberos. El sonido de las ambulancias era aterrador. Yo ya no sabía si todo era realidad o estaba sufriendo una pesadilla. Tuve la sensación de estar enterrada viva dentro del avión, y era realidad, pero lo que estaba tapizando el avión no era tierra sino un compuesto químico blanco, de lo contrario nos hubiéramos quemado vivos allí mismo. Abordaron enseguida hombres de blanco que se llevaron en camilla a la histérica que seguía gritando y al cadáver de un señor que sin hacer escándalo se había muerto en su asiento; posiblemente de un infarto según lo que dijo el comisario de a bordo.
Con la angustia pasada en ese aparato no veíamos la hora de bajarnos, pero el comandante de la nave habló diciendo: los pasajeros a bordo ya fueron revisados al subir y no se puede contratar nuevamente ese servicio de manera que quedarán a bordo del avión mientras se arregla el desperfecto.
Era cierto, era época de secuestro de aviones y atentados en todo el mundo de manera que la revisación era tan rigurosa que enfermeras con guantes nos revisaban hasta la ropa interior y el cuerpo antes do embarcarnos. Dijo que tenían que cambiar motor, tren de aterrizaje y computadora y no podíamos bajar del avión y para colmo la azafata agregó: y tampoco salir de sus asientos.
Lo que no nos dijeron es que el arreglo demoraría hasta el día siguiente. Estuvimos como 24 hs. sentaditos en el avión, nos servían gaseosas y sandwiches a pedido y nos ponían música. Me levanté para ir al toilette: quería asegurarme de estar viva y con capacidad de despegarme del asiento. Pensé, me hubiera hecho la histérica y hubiera gritado como la otra y me hubiera salvado de este martirio.
Por fin me resigné. Estaba en un país extranjero, no conocía a nadie, ni siquiera el idioma que esa gente habla y después de todo estando dentro del avión había gente y una compañía responsable para avisar a mis familiares si algo pasaba.
Traté de dormir, pero mis pensamientos no me dejaban; mi memoria me hizo visualizar toda mi vida en instantes y mientras con los ojos cerrados seguía pensando sobre mi suerte, llegaría a destino.
Por fin terminaron de arreglar el avión y el comandante anunció: vamos a despegar pero ya no podemos ir a Praga, salimos para Budapest donde todavía hay pasajeros esperando para abordarnos. Yo grité: voy a Checoslovaquia, debo bajar en Bratislava y me respondió: de Budapest vamos a Bratislava y la dejamos. Era la única pasajera para Bratislava y el avión estaba lleno, un avión grande de pasajeros para vuelos internacionales.
Nos llevaron a Budapest (Hungría), bajaron pasajeros y subieron otros nuevos y desde allí fuimos a Bratislava (Checoslovaquia). Era un aeropuerto chico, bajé solita. Hablaba en inglés al empleado del aeropuerto pero no me entendía. Me hizo seña con la mano que esperara y se fue. Vino un señor que en inglés me preguntó quien era. Le dije y le mostré mi pasaporte. Me dijo que ese congreso ya había empezado, que la comisión de recepción había estado todo el día de ayer esperándome hasta que se recibió la noticia de que el avión estalló en el aire y no llegué a Praga, me habían considerado víctima del accidente. Le conté lo que había pasado y me dijo: Smolonice es un castillo que está a unos kms.de acá, no tendrá transporte para ir. Permítame que la lleve yo mismo pues tendré que dar alqunas explicaciones. Fui yo quien comunicó oficialmente lo del accidente.
El señor, muy atento y puntillosamente vestido, que a pesar de ser checoslovaco hablaba perfectamente el inglés, me hizo subir en una limousine negra, flamante, y me llevó al castillo de Smolonice, lugar del evento.
El señor bajó y me pidió que esperara un momento, luego vino y abrió la portezuela de la limousine para que descendiera. A mi encuentro había venido Sonia que me dijo ¡We are doing your funeral! Norma! Are you alive? Me abrazó y detras de ella empezaron a aparecer científicos que yo ni conocía. Me tocaban, me besaban, me abrazaban mientras se oían las expresiones: Thanks to God! I can't believe! Norma, are you? Entonces apareció mi maestro, un español naturalizado americano que yo no sabía que estaría en el Coloquio; estaba pálido y me dijo: explíqueme con detalles lo que pasó. Relaté lo sucedido y me dijo quédese acá ya regresará Sonia.
Sonia vino y me invitó a ir a la habitación que compartiríamos durante el evento. El castillo hacía también de hotel y lugar para conferencias, seminarios, etc. Era un viejo castillo medieval, reservado para reuniones científicas. Cuando llegamos a la habitación me dijo: ahora quedate a descansar y dormí hasta mañana ¡Por favor, no salgas!
No me quedó mas remedio que descansar y dormir! Al otro día al despertarme Sonia ya estaba lista esperándome para ir a desayunar. El coloquio continuaba y ese día nos tocaba presentar el trabajo, que leí sin inconvenientes y todo volvió a la normalidad. Ahora recuerdo que mi maestro y Sonia no habían programado ir a ese evento.
lunes, 18 de mayo de 2009
El fantasma de la biblioteca
Ubiquémonos en la parte este de USA, la llamada Nueva Inglaterra, en donde las mujeres consideradas brujas eran quemadas vivas hasta fines del siglo pasado*; donde lo misterioso aún perdura en museos como la casa de las brujas en Salem, lugar donde en el año 1620 desembarcó el Mayflower con los primeros colonizadores ingleses que vinieron a nuestra América con la aspiración de conservar sus principios religiosos. En esa región surgieron dos universidades muy famosas ya ancestrales: la de Harvard en la ciudad de Cambridge, estado de Massachusetts y la de Yale, en New Haven, Connecticut. Yo fui a esta última para completar mi formación. Como médica argentina fui a cursar Salud Pública, especializándome en Epidemiología.
Acostumbraba a usar una de sus hermosas bibliotecas, la de Medicina, en donde se podían ver desde incunables hasta las revistas recién publicadas en todos los rubros que incumben a este campo del saber.
El libro consultado en la oportunidad que les cuento era la última clasificación de virus aparecida, en el año que estaba cursando una de las asignaturas: Virología. Retiré el libro y me lo llevé al Harkness Hall, donde vivía. Anoté lo que me importaba y lo restituí cumpliendo con todos los trámites administrativos correspondientes.
Pocos días después encontré a uno de mis maestros preparando una conferencia y tenía en sus manos una edición anterior a la que yo había visto. La nueva tenía muchas modificaciones porque ese era un período en que el estudio físico-químico de los virus y la biología molecular avanzaban tanto que las especies de virus se empezaban a agrupar en géneros y familias nuevas. Al verlo le comenté que ya había aparecido la nueva edición y que estaba en la biblioteca. Mi maestro desapareció enseguida y al cabo de un buen rato, mientras me encontraba trabajando en el laboratorio, entró indignado y me dijo:
-No hay ninguna edición nueva de este libro en la biblioteca de Medicina. Insistí en que Ud. ya lo había visto y por las dudas registraron todos los archivos y dicen que nunca lo recibieron. Piensan que Ud. se debe de haber confundido de biblioteca. ¡Mire, yo ya perdí mucho tiempo y a ese libro lo necesito de manera que mañana cuando llegue lo quiero tener acá!
Yo lo vi tan indignado y para colmo trabajaba en sus laboratorios que no me quedó mas remedio que volver a la biblioteca de Medicina porque yo no retiraba libros de otras.
Cuando llegué y pregunté al bibliotecario por ese libro, dijo:
-¡Oh no, otra vez! Ya vino un profesor y me hizo buscar por todo, no existe ni la ficha! Usted dice que lo retiró de acá y luego lo devolvió? Debe estar confundida. Aquí no existe ni entrada para ese libro. Posiblemente lo haya retirado de la biblioteca de la Escuela de Salud Pública. Si quiere cerciorarse busque en los estantes por especialidades o sobre las mesas de los lectores.
Pasé horas buscando pues la biblioteca es inmensa. Volví descorazonada a hablar con el bibliotecario y pedirle que me dejara ver las fichas porque yo no estaba confundida. En eso apareció a mi derecha un viejito con una pinta de profesor erudito y bondadoso que me dijo:
-Puedo ayudarla. Yo sé donde está. ¿Podemos pasar por acá?
Miré al bibliotecario y le repetí la pregunta:
-¿Podemos pasar por acá?
Había que levantar la tapa del mostrador que era a la vez la puerta del frente de su pequeño despacho. Me miró con ojos sorprendidos y dijo
-¡Oh, sí! Y levantó la tapa.
Pasó el viejo profesor que dijo:
-Sígame.
Salió de ese pequeño despacho por la puerta trasera, luego fue por las escaleras al primer subsuelo y se dirigió al segundo subsuelo, en donde extendió la mano hacia un estante, tomó el libro buscado y me lo entregó cuando todavía yo estaba bajando la escalera. Por mirar si el libro era el que yo buscaba lo perdí de vista a este viejo profesor que se movió tan rápido que no lo pude encontrar.
Cuando volví hacia el despacho del bibliotecario mi alegría no tenía límites: en mis manos estaba el libro buscado y en el registro de su primera página la fecha en que lo llevé y la de su retorno.
-Vio! Acá está el libro!, le dije.
El bibliotecario seguía con una cara de extrañeza que daba miedo
-¿De dónde lo sacó?- me dijo
-Del segundo subsuelo, de los estantes que tienen libros de grandes tamaños.
-Lo sacó Ud. o se lo dieron?
-Me lo dio el señor mientras bajaba por las escaleras
-¿Qué señor?
- El que se ofreció a ayudarme, con el cual me autorizó a pasar por acá.
-Y cómo era?
- Pero si Ud. lo vio tan bien como yo! Lo ando buscando para agradecerle pues desapareció
-¿No sabe si se fue o está en la sala de lectura?
-Irse no se fue porque ésta es la única salida y por acá nadie pasó; habrá ido a la sala de lectura. Yo no sé porque no he visto a nadie.
Recorrí la sala de lectura, todos los pisos de la biblioteca que a esa hora de la noche tenían muy pocos concurrentes y al no encontrar a mi benefactor volví al hall de entrada, me aseguré nuevamente con el bibliotecario que el señor no había salido y me quedé a esperarlo. Infructuosa fue mi espera: cuando se hicieron las doce de la noche decidí retirarme a descansar, aunque contenta pues tenía el libro que buscaba.
A la mañana siguiente fui temprano al laboratorio, antes de ir a clase que comenzaban a las ocho hs., para poder dejar en el escritorio de mi maestro el libro solicitado. Grande fue mi sorpresa cuando al llegar al laboratorio encontré al bibliotecario en la secretaría y una de las chicas sale a decirme:
-¡You saw the ghost! He attend on you!
Yo me preguntaba ¿Habré entendido bien? Me dice que vi al fantasma y que él me atendió? Qué fantasma? Qué tenía que ver con todo esto la presencia del bibliotecario en secretaría? Me fui a la clase. Cuando regresé al laboratorio aprovechando uno de los recreos vi que mi maestro ya había llegado. El también me vio, me llamó y me dijo:
-Venga y déme detalles de cómo encontró el libro.
Se los di y pregunté:
-Por qué tantas explicaciones?
-Porque el bibliotecario vino a disculparse conmigo y a decirme que la ficha del libro se había extraviado, que ese libro había sido colocado en estantes de un subsuelo en donde se colocan libros que exceden los tamaños regulares y que había sido Ud. quien durante la noche recibió en manos el ejemplar dado por el fantasma de la biblioteca. Ese fantasma ya ha hecho otras apariciones que se repiten desde el siglo pasado.
-Y Ud.qué quiere Dr.? Saber si mis datos coinciden con los que da el bibliotecario?
-No,queremos saber si sus datos coinciden con los conocidos para el fantasma de la biblioteca. El bibliotecario no lo vio. Se sorprendió con su pedido "¿Podemos pasar?", estando Ud. sola. Su respuesta y atención a alguien que él no veía y su inmediata aparición con el libro que al preguntarle de dónde lo sacó dijo que el señor que se ofreció a ayudarla se lo dio en manos mientras bajaba las escaleras pero que Ud. alcanzó a ver de qué lugar lo sacaba.
-Ud.quiere decir que a mí me atendió un fantasma! Para mí ha sido un viejo profesor de la casa que conoce todos sus secretos. Tenía una cara de bueno!
-Yo no digo nada. Solo averiguo, a pedido. Gracias por el libro.
Quedé estupefacta y até cabos: apareció de improviso sin ningún ruido o movimiento perceptible. No dio lugar a introducciones como me hubiera gustado y se acostumbraba. Sabía todo. Desapareció en el instante en que traté de ver el título del libro y desapareció como vino: sin que ninguno lo viera. ¿Por qué en todo el rato que estuve esperando para agradecerle el bibliotecario sólo me miraba de hito en hito con los ojos grandotes y no me hizo ningún comentario? A estos últimos solo los hizo en mi lugar de trabajo y a mis compañeros de clase. Todos me acosaban: You saw the ghost, tell us something about it! Yo solo debo confesar que no conocía la leyenda, que si hubiera pensado que era un fantasma quizás me hubiera desmayado. Si a eso llaman fantasma debo decir que era un ser encantador, un viejito que inspiraba ternura, con expresión de bondad y paternalismo, que solucionó mi problema y me dejó un profundo sentimiento de gratitud que al no poder transmitírselo, me lo dejó en el alma.
Gracias, Señor Fantasma!
*Escrito en el año 1992, siglo XX.
Acostumbraba a usar una de sus hermosas bibliotecas, la de Medicina, en donde se podían ver desde incunables hasta las revistas recién publicadas en todos los rubros que incumben a este campo del saber.
El libro consultado en la oportunidad que les cuento era la última clasificación de virus aparecida, en el año que estaba cursando una de las asignaturas: Virología. Retiré el libro y me lo llevé al Harkness Hall, donde vivía. Anoté lo que me importaba y lo restituí cumpliendo con todos los trámites administrativos correspondientes.
Pocos días después encontré a uno de mis maestros preparando una conferencia y tenía en sus manos una edición anterior a la que yo había visto. La nueva tenía muchas modificaciones porque ese era un período en que el estudio físico-químico de los virus y la biología molecular avanzaban tanto que las especies de virus se empezaban a agrupar en géneros y familias nuevas. Al verlo le comenté que ya había aparecido la nueva edición y que estaba en la biblioteca. Mi maestro desapareció enseguida y al cabo de un buen rato, mientras me encontraba trabajando en el laboratorio, entró indignado y me dijo:
-No hay ninguna edición nueva de este libro en la biblioteca de Medicina. Insistí en que Ud. ya lo había visto y por las dudas registraron todos los archivos y dicen que nunca lo recibieron. Piensan que Ud. se debe de haber confundido de biblioteca. ¡Mire, yo ya perdí mucho tiempo y a ese libro lo necesito de manera que mañana cuando llegue lo quiero tener acá!
Yo lo vi tan indignado y para colmo trabajaba en sus laboratorios que no me quedó mas remedio que volver a la biblioteca de Medicina porque yo no retiraba libros de otras.
Cuando llegué y pregunté al bibliotecario por ese libro, dijo:
-¡Oh no, otra vez! Ya vino un profesor y me hizo buscar por todo, no existe ni la ficha! Usted dice que lo retiró de acá y luego lo devolvió? Debe estar confundida. Aquí no existe ni entrada para ese libro. Posiblemente lo haya retirado de la biblioteca de la Escuela de Salud Pública. Si quiere cerciorarse busque en los estantes por especialidades o sobre las mesas de los lectores.
Pasé horas buscando pues la biblioteca es inmensa. Volví descorazonada a hablar con el bibliotecario y pedirle que me dejara ver las fichas porque yo no estaba confundida. En eso apareció a mi derecha un viejito con una pinta de profesor erudito y bondadoso que me dijo:
-Puedo ayudarla. Yo sé donde está. ¿Podemos pasar por acá?
Miré al bibliotecario y le repetí la pregunta:
-¿Podemos pasar por acá?
Había que levantar la tapa del mostrador que era a la vez la puerta del frente de su pequeño despacho. Me miró con ojos sorprendidos y dijo
-¡Oh, sí! Y levantó la tapa.
Pasó el viejo profesor que dijo:
-Sígame.
Salió de ese pequeño despacho por la puerta trasera, luego fue por las escaleras al primer subsuelo y se dirigió al segundo subsuelo, en donde extendió la mano hacia un estante, tomó el libro buscado y me lo entregó cuando todavía yo estaba bajando la escalera. Por mirar si el libro era el que yo buscaba lo perdí de vista a este viejo profesor que se movió tan rápido que no lo pude encontrar.
Cuando volví hacia el despacho del bibliotecario mi alegría no tenía límites: en mis manos estaba el libro buscado y en el registro de su primera página la fecha en que lo llevé y la de su retorno.
-Vio! Acá está el libro!, le dije.
El bibliotecario seguía con una cara de extrañeza que daba miedo
-¿De dónde lo sacó?- me dijo
-Del segundo subsuelo, de los estantes que tienen libros de grandes tamaños.
-Lo sacó Ud. o se lo dieron?
-Me lo dio el señor mientras bajaba por las escaleras
-¿Qué señor?
- El que se ofreció a ayudarme, con el cual me autorizó a pasar por acá.
-Y cómo era?
- Pero si Ud. lo vio tan bien como yo! Lo ando buscando para agradecerle pues desapareció
-¿No sabe si se fue o está en la sala de lectura?
-Irse no se fue porque ésta es la única salida y por acá nadie pasó; habrá ido a la sala de lectura. Yo no sé porque no he visto a nadie.
Recorrí la sala de lectura, todos los pisos de la biblioteca que a esa hora de la noche tenían muy pocos concurrentes y al no encontrar a mi benefactor volví al hall de entrada, me aseguré nuevamente con el bibliotecario que el señor no había salido y me quedé a esperarlo. Infructuosa fue mi espera: cuando se hicieron las doce de la noche decidí retirarme a descansar, aunque contenta pues tenía el libro que buscaba.
A la mañana siguiente fui temprano al laboratorio, antes de ir a clase que comenzaban a las ocho hs., para poder dejar en el escritorio de mi maestro el libro solicitado. Grande fue mi sorpresa cuando al llegar al laboratorio encontré al bibliotecario en la secretaría y una de las chicas sale a decirme:
-¡You saw the ghost! He attend on you!
Yo me preguntaba ¿Habré entendido bien? Me dice que vi al fantasma y que él me atendió? Qué fantasma? Qué tenía que ver con todo esto la presencia del bibliotecario en secretaría? Me fui a la clase. Cuando regresé al laboratorio aprovechando uno de los recreos vi que mi maestro ya había llegado. El también me vio, me llamó y me dijo:
-Venga y déme detalles de cómo encontró el libro.
Se los di y pregunté:
-Por qué tantas explicaciones?
-Porque el bibliotecario vino a disculparse conmigo y a decirme que la ficha del libro se había extraviado, que ese libro había sido colocado en estantes de un subsuelo en donde se colocan libros que exceden los tamaños regulares y que había sido Ud. quien durante la noche recibió en manos el ejemplar dado por el fantasma de la biblioteca. Ese fantasma ya ha hecho otras apariciones que se repiten desde el siglo pasado.
-Y Ud.qué quiere Dr.? Saber si mis datos coinciden con los que da el bibliotecario?
-No,queremos saber si sus datos coinciden con los conocidos para el fantasma de la biblioteca. El bibliotecario no lo vio. Se sorprendió con su pedido "¿Podemos pasar?", estando Ud. sola. Su respuesta y atención a alguien que él no veía y su inmediata aparición con el libro que al preguntarle de dónde lo sacó dijo que el señor que se ofreció a ayudarla se lo dio en manos mientras bajaba las escaleras pero que Ud. alcanzó a ver de qué lugar lo sacaba.
-Ud.quiere decir que a mí me atendió un fantasma! Para mí ha sido un viejo profesor de la casa que conoce todos sus secretos. Tenía una cara de bueno!
-Yo no digo nada. Solo averiguo, a pedido. Gracias por el libro.
Quedé estupefacta y até cabos: apareció de improviso sin ningún ruido o movimiento perceptible. No dio lugar a introducciones como me hubiera gustado y se acostumbraba. Sabía todo. Desapareció en el instante en que traté de ver el título del libro y desapareció como vino: sin que ninguno lo viera. ¿Por qué en todo el rato que estuve esperando para agradecerle el bibliotecario sólo me miraba de hito en hito con los ojos grandotes y no me hizo ningún comentario? A estos últimos solo los hizo en mi lugar de trabajo y a mis compañeros de clase. Todos me acosaban: You saw the ghost, tell us something about it! Yo solo debo confesar que no conocía la leyenda, que si hubiera pensado que era un fantasma quizás me hubiera desmayado. Si a eso llaman fantasma debo decir que era un ser encantador, un viejito que inspiraba ternura, con expresión de bondad y paternalismo, que solucionó mi problema y me dejó un profundo sentimiento de gratitud que al no poder transmitírselo, me lo dejó en el alma.
Gracias, Señor Fantasma!
*Escrito en el año 1992, siglo XX.
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El fantasma de la biblioteca
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